lunes, 31 de agosto de 2020

La última escena



Añejando mi vida, madurando mis pensamientos y participe directo de la eclosión de muchas

semillas. El murmullar de la alarma susurrándome en el oído, el sol todavía no sale y el baño de

mañana la actividad menos preferida. El trajín mañanero de todos los días, me hacen devoto entre

bocinas, pidiendo unos minutos más para descansar esa bella mirada que mi rostro ha de

demostrar el resto del día.


Miradas entre cruzadas, sonrisas a la distancia y las jaranas al más dormido nunca faltan; la familia

al fin está reunida. Entre minutos vuelan tres períodos, llega el momento más esperado para crear

sátiras sin sentido y narrar alguna que otra situación que entre risas demuestra su aceptación. El

tiempo se limita al sonido de la campana, como el condicionamiento de aquel reo que deja ese

vacío en sus oídos para anhelar su libertad unos segundos más. Ahora no son tres, son cuatro; los

minutos se detienen, al menos así lo percibo, la narrativa del docente pasa de oído a oído. Se

cierran los libros, gritos entre pasillos me dan la pauta que la secuencia cómica continuará en el

graderío.


Una vez más, la composición rítmica que más detesto... solo falta uno. El docente es víctima de la

energía, las miradas sobre el segundero y muchas risas distraídas. El camino a casa es largo, el

último despido con un corazón dividido. El adiós más largo que he vivido... Se cierra el telón del

teatro, sin saber si esta obra algún día volverá presentarse con el mismo reparto.

(Poema en prosa)

Los tres amigos de Daniel - Vida, Esperanza y Verdad

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