
Las espontáneas risas se convirtieron en recuerdos
los “buenos días” en el graderío en “¿ya empezó la clase?” por mensaje;
siempre los llevo conmigo entre mis libros y lapiceros
como memoria de una familia que no es de mi linaje.
Un “13” fue nuestra perdición
de este que sería nuestro año
por dejarnos sin graduación
porque al final todo fue un engaño.
Terminar juntos fue una promesa,
ir juntos con nuestras togas y birretes
ahora solo es una ilusión que trae tristeza
pero siempre será nuestra historia que no cambiaría ni por billetes.
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