lunes, 31 de agosto de 2020

Casi un día como los demás


Cuento corto

Género épico

Todo empieza como un día cualquiera, como todos los demás, me levantó de la cama,

saludo a toda mi familia, me meto a bañar, y me preparo para esperar el bus escolar.

A la misma hora de todos los días llega el bus, hago lo de siempre, escucho música, hay

mucha cola, como siempre.

Llego al colegio, antes que el resto de buses, como siempre, subo las gradas para irme a mi

lugar de siempre.

Llegan mis amigos al tercer piso, hablamos, comemos, jugamos, como siempre, pero... hay

un ligero cambio, se me ocurrió sacar mi celular, y ver mis redes sociales, como está

prohibido en el reglamento usarlos en el colegio yo sabía que estaba mal, por lo tanto,

estaba pendiente si subía un profesor.

Estaba muy distraído en el celular, que no me di cuenta que estaba subiendo una maestra,

entonces ella me vio, y me pidió mi celular.

Yo estaba nervioso, no quería perder mi celular, por eso me tardé en hacerle caso, y ella se

fue. Yo sabía que estaba mal, entonces me levanté de mi lugar y fui a dárselo; ella me dijo

que era tarde, que se lo daría a dirección, antes me o iba a dar al final del día, pero esta vez,

no fue como siempre.

Estaba empezando mi primera clase, cuando me llaman, ya sabía que era, entonces pedí

permiso y fui; me preguntaron: “¿Cuál es tu celular?”, ya que no era el único que había roto

las reglas del colegio, entonces les dije, pensé que me lo iban a regresar, pero no; me

dijeron que al terminar el bimestre me lo devolverían, bimestre que acababa de empezar,

entonces solo podía esperar.

Pasé todo el día arrepentido por sacar mi celular, pero estaba mal, no podía hacer nada,

repetidas veces volvía a preguntar, para ver si podían regresármelo, pero me dijeron lo

mismo de siempre... que no.

Cuando estaba regresando a mi casa, pensaba que; un día que estaba siendo igual a todos,

la misma rutina, las mismas personas, la misma comida, las mismas clases, los mismos

maestros, cambió por un ligero fallo, y gracias a eso, dejo de ser lo mismo todos los días.


Diego Melgar

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